martes, 1 de julio de 2008

Presencia de Sergio Hernández



Por Ramón Riquelme





En el marco de la séptima versión de “Chillán Poseía” hemos escuchado los trabajos creativos de ElgarUtreras (Chillán) y de Nicolás Miquea (Concepción); ellos nos mostraron una tarea compleja sencilla y múltiple. Donde el oficio estético logró salir bien parado. Un torneo organizado con límites presupuestarios de envergadura. Destacó luces propias “el homenaje” rendido al poeta de Chillán y de Chile Sergio Hernández (Chillán 1931). Quizás nuestro primer contacto fuera como lector de sus versos en la “Antología de poetas Universitarios” (1953); que lo ubicaron en la llamada “generación del 50” (Jorge Teiller, Armando Uribe Arce, Efraín Barquero, Enrique Lihn) después nos encontramos en los encuentros de escritores de Concepción, Linares y Chillán que marcaron el surgimiento de los grupos de poesía como “Trilce” (Valdivia) “Arúspice” (Concepción), “Tebaida” (Arica), lo que Waldo Rojas llamó “la generación diez mada”. Sergio Hernández es Chillán. Los espacios urbanos de la ciudad están signados por los laberintos que él va descubriendo en su lírica. Es lo que Walter Benjamín llama “los pasajes urbanos”, para escribir sobre París. Sergio Hernández conoce bien “la noche de Chillán”. Recuerdo bien una conversación en su departamento de entonces frente a la plaza Santo Domingo, con los poetas Ariel Santibáñez, Waldo Rojas y Hernán Lavín Cerda. Entonces el mundo desató su imaginaria, nunca más continuamos con el mismo diálogo. Cada vez que lo veo en cualquier sitio del centro, recuerdo el texto “Juan de Mairena” de Antonio Machado, puedo decir “Sergio Hernández es un hombre bueno”, lejos de toda estridencia publicitaria hace su tarea cotidiana con la persistencia del artesano. En silencio y con delicadeza. Su tarea de escritor está marcada por su aproximación a Nicanor Parra y Ricardo A. Latcham. Su lírica establece comunicación inicial con los elementos de lo cotidiano (Cantos de Pan” (1959).

Miércoles 30 de enero de 2008.